Tus diapositivas y el Síndrome de Estocolmo

 

¿Te has planteado por qué desarrollas mejor tus ideas cuando hablas sin diapositivas?

Cada vez que presentas con diapositivas (que probablemente es el 100% de las veces) pierdes espontaneidad y capacidad para expresarte libremente. Vives en una situación de secuestro permanente. Sufres uno de los peores males al presentar… el Síndrome de Estocolmo.

Una parte de ti las odia porque te hacen sentir atrapado. Otra parte de ti cree que las necesita para salir adelante.

Las diapositivas nos hacen vivir en un estado de esquizofrenia permanente que afecta a cómo pensamos, percibimos, sentimos y también a cómo actuamos, antes y durante la presentación. Una voz nos dice que sin ellas la audiencia no va a ser capaz de seguirnos o entendernos. Otra voz nos sentencia que es el “material” que vamos a dejarles como legado de nuestra charla. Una tercera nos recuerda que lo visual se retiene mejor. Pero otra voz más lejana nos advierte de que mucha información en pantalla lleva a la muerte de nuestras ideas, por aburrimiento.

Y tanta paranoia hace, al final, que tomemos decisiones con cautela y seamos víctimas de nuestro propio Síndrome de Estocolmo. Hemos creado un monstruo.

3 síntomas de que tu Síndrome de Estocolmo se ha activado

  • Te “pegas” a tus diapositivas porque crees que te pueden ayudar. Te has convertido en diapo-dependiente sin quererlo. Tus diapositivas son ahora tus notas. Las has creado para ti, no para ellos. Vives en la falsa creencia de que te aportan seguridad. Pero, cuando ves que la audiencia se centra en la pantalla y no te mira ni reacciona ¿te sientes seguro/a o vulnerable?
  • Tus diapositivas te impiden pensar con claridad. Ordenas tus ideas mientras haces diapositivas. Te enamoras de lo que no es relevante. Cada cosa que quieres decir, la reflejas en diapositivas. Cuando presentas, tu ritmo lo marcan ellas. Pierdes la jerarquía del relato. Todo tiene el mismo peso. Todo lo explicas con el mismo énfasis. Los árboles no te dejan ver el bosque. No has pensado primero y hecho diapositivas después.
  • Tus diapositivas te impiden actuar con eficacia. Vuelcas más información que ideas. Tu punto de vista se pierde entre datos y definiciones. No dejas espacio a la flexibilidad ni a la espontaneidad. No puedes actuar libremente ante las reacciones de tu audiencia. Explicas, no defiendes tus ideas. Eres una voz en off de tus diapositivas. Ahora has de contarlo todo y no hay tiempo para improvisar. Porque está en pantalla. No puedes salirte de tu guion. El problema es que no has pensado bien tu guion. Demasiado tarde. Estás vendido/a.

3 pasos para decir adiós a tu Síndrome de Estocolmo

  • Piensa estratégicamente. Antes de hacer nada, mapea en papel tus ideas y jerarquiza la información que necesitas para desarrollarlas. Piensa en qué quieres conseguir, qué te lo puede impedir y qué información necesitas para evitarlo. Quizás tienes ya un proyecto que has puesto en palabras utilizando PowerPoint. Ése es tu informe. No tu presentación. Es la fuente de la que vas a beber para sacar la información que necesitas. Para defenderla en voz alta y con apoyo visual, a ratos.
  • Toma decisiones. Tu discurso está en tu mapa de ideas. Decide ahora cuándo necesitas una diapositiva y para qué la quieres. Elige lo que verdaderamente quieres proyectar para que te ayude en tu discurso. Para que destaque lo relevante. Para que ilustre. O quizás para que guíe.
  • Ponte límites. Mientras haces diapositivas, limita tu impulso de convertirlas en tus notas. Todo lo que quieres decir no tiene que estar en pantalla. Lo tienes que decir, sí, pero no necesitas que esté por escrito. Tú tienes el poder de comunicar. Tus diapositivas son sólo un apoyo. Recuerda más y escribe menos.

Depende de ti que tus diapositivas no te secuestren. Créalas con conciencia, ensaya con ellas y ten claras tus transiciones. Tienes una función maravillosa que se llama “vista del moderador” que te permite ver en la pantalla de tu ordenador lo que está proyectado, tus notas y la diapositiva que viene después. Utilízala. Como toda herramienta, el PowerPoint (o Keynote) no es bueno ni malo, sino que depende del uso que hagas de él.

Tus diapositivas no tienen por qué ser el material que entregas como legado. Las mías nunca lo son. No puedes aspirar a que cumplan dos misiones con eficacia.

Está en tus manos. ¿Vas a seguir secuestrado/a o piensas liberarte de ese infierno?

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